miércoles, 29 de marzo de 2017

Sobre el cine reciente (y el que viene)

Quise iniciar esta entrada para expresar mi descontento sobre un fenómeno que ocurre en la industria cinematográfica hollywoodense, que es para bien o para mal, la que más se consume en el mundo.

Checando la cartelera (28 de marzo del 2017) me di cuenta que había en ella, casi en su totalidad, o historias que ya nos habían contado, o secuelas y personajes que por nostalgia nos harán correr a la sala: Kong, Logan, Power rangers, La bella y la bestia. Además de que en un par de semanas llega la quinceava entrega de Rápidos y furiosos.

Es importante señalar que por estos días salieron avances (sinceramente no sé si son teasers, si son el avance número 636) de La liga de la justicia y de la nueva saga de Spiderman, esta última película que al paso que va, para el 2030 ya habrá sido protagonizada en menos de tres décadas por unos cinco actores. Tampoco he visto estos avances pero no es nada personal, simplemente no me los he topado y desde el bodrio de Suicide Squad, quizá la peor película que vi en el 2016, quise tomar distancia de este género. Nada personal, pero el hecho de que durante el año pasado cada dos o tres meses estrenaran una película de superhéroes (Capitán América, Batman V. Superman, Deadpool, X-Men: Apocalipsis, Doctor Strange) me llevó a no querer ver estas últimas dos. Por cierto, para mí, Deadpool es la única rescatable del grupo, y su gracia radica en que no se toma en serio. No pretende ser más de lo que exactamente es, una película del género que buscó –y logró– romper con todos sus estereotipos explotados hasta el cansancio, algo parecido a lo que ocurrió con Ant-Man y Guardianes de la Galaxia, también bien logradas pero bueno, eso es tema para otro día.

En fin, chequé la cartelera y me llegó esta sensación de que prácticamente todo lo que sale en el cine últimamente son remakes de medio pelo que buscan más aludir a la nostalgia de su audiencia –y de paso ser incluyentes con calzador– o precuelas y secuelas de entregas, que por su propio bien, debían dejarse morir. Pensé que estaba mamando, e igual quizá nunca dejé de hacerlo, pero realicé una fugaz y efectiva investigación de nueve segundos en Google, donde busqué “películas 2016” (historia real, tú amigo que estás en casa también lo puedes hacer para buscar un error en mi argumentación) y el navegador como primer resultado te muestra las que, creo, fueron algunas de las entregas más esperadas/reconocidas del año. Las conté y toda la cosa.

De las 51 películas que se muestran, 17, la tercera parte, caray, son ya sea precuelas o secuelas: Rogue One, Capitán América Civil War, Batman V. Superman, Buscando a Dory, X-Men: Apocalipsis, Día de la independencia, Star Trek, Animales Fantásticos, Kung fu panda, Jason Bourne, El conjuro 2, Alicia a través del espejo, Tortugas ninja 2, Avenida Cloverfield 10, La era del hielo 6 (¿qué pedo?), Now you see me 2 y Zoolander 2. De la lista hay unas entregas que, sinceramente, si no salen a la luz no pasa nada, el mundo sigue girando como si nunca hubieran existido, pero todo sea por el cochino dinero y lucrar con la nostalgia de la audiencia. Tal es el caso de Zoolander 2, Buscando a Dory, Día de la independencia 2, Animales fantásticos y Now you see me 2. La única precuela a la que le encontré justificación, además de cumplir en su manufactura, es Rogue One. Mención aparte también a Avenida Cloverfield 10, secuela de Cloverfield que con un buen manejo de la tensión y un John Goodman impecable logra entregar una digna segunda parte de su propia historia.

Aquí quiero hacer un paréntesis para hacer más evidente mi punto. ¿Han notado de qué tratan las últimas entregas de Pixar?, ¿o las que se aproximan? Después de Toy Story 3, en el 2010, se lanzaron Cars 2, Monsters University y Finding Dory, las otras tres entregas desde entonces fueron Inside Out, Brave y The Good Dinosaur. O sea, de las últimas siete películas de casa animadora más importante de nuestra generación por lo menos, cuatro son precuelas o secuelas. Y ojo, de las otras cuatro películas que vienen en puerta, tres son continuaciones: Cars 2, Los increíbles 2 y Toy Story 4. ¿De verdad, de verdad es necesaria una tercera parte de Cars? Puta, ¿no habíamos cerrado el ciclo de manera digna con Toy Story 3? Y ojo, no estoy diciendo que estas películas que se vienen vayan a ser malas, quizás sean hasta buenas, ojalá, ¿pero es necesario seguir echando mano de ellas?, ¿ya no hay de dónde contar historias nuevas? Carajo, Ratatouille y Wall-E, que fueron puestas en cartelera una tras otra entre 2007 y 2008, son sin pedos una de las mejores películas de todos los tiempos, de esas atemporales y que de verdad no viene al caso la edad de las personas que la ven, mucho menos si es animada o no. En Ratatouille no hay villanos, no hay ningún malo, el “antagonista” (el crítico culinario) se termina dejando vencer por el amor y la autocrítica que despiertan en él gracias al arte. Wall-E fue otra de las cúspides creativas de Pixar y con Inside out, tras las intrascendentes Cars 2, Brave y Monsters University, la empresa volvió a arriesgarse abordando de manera sencilla temáticas tan complejas como las emociones y el razonamiento humano, y les salió. ¿Por qué este afán de continuar con historias que ya fueron, y que ni siquiera nadie pidió? Obvio la pregunta es retórica, todos sabemos que es la forma más sencilla de hacer dinero, y no satanizo este objetivo pues una compañía como tal vive de esto, pero con qué facilidad y con qué fórmulas tan genéricas y ya vistas hasta el cansancio se ganan a la audiencia.

En fin, volviendo a la lista de esas 51 películas también aparecen remakes como El libro de la selva, La leyenda de Tarzán y Ghostbusters... creo que ya demostré mi punto. Entregas que nadie pidió, que nadie necesitaba realmente, totalmente olvidables pero que hey, llenaron las arcas, el resto es lo de menos.

Y mi crítica es que está bien, todos sabemos que al final del día el cine es una forma de entretenimiento, pero quizá sea momento de exigir entregas de calidad, o por lo menos otro tipo de propuestas, de lo contrario esta formulita de remakes, precuelas y secuelas que no cuentan ni aporta nada nuevo va a continuar a la alza. Se me viene a la mente justo ahora el lanzamiento de Trainspotting 2, o el reboot que quieren hacer de la trilogía de Matrix, ¿son necesarias? No, ¿las casas productoras van a lograr recuperar su inversión cinco o seis veces por estas películas? Totalmente, y eso es lo que importa al final nada más, la lógica del mercado. A mí el cine me gusta mucho y esto me molesta como espectador porque nos estamos conformando con cualquier cosa, con cualquier tipo de entretenimiento.   

En fin, lo que quiero decir es que es momento de evaluar nuestro papel como audiencia, como espectadores, porque tan sólo con no pararte en la sala ni pagar tu entrada para ver LA SEXTA PARTE DE LA ERA DE HIELO ya le estás pegando en la madre, poquito pero le estás pegando, a todo ese entramado detrás de la producción de películas que ya no deberían hacerse, porque no proponen nada, porque son más de lo mismo. Si eso pasa, las productoras al no ver ganancia, tendrán que proponer cosas nuevas en aras de retomar el interés de su audiencia. Y sí, mi conclusión es simple y llana, pero es tan sencilla como eso.


*Es importante señalar también las buenas propuestas que se lanzaron en el 2016, como Arrival, The Witch, Hateful eight, Youth, The nice guys, Neon Demon, The renevant, Spotlight, Saul fia, Sing Street, The big short, The room, Julieta, entre muchas otras que seguro estoy olvidando o que simplemente no pongo aquí porque las siento más del 2017 que del año anterior, como Nocturnal Animals, La la land o Hell or highwater. Y ojo, todo el tiempo estuve hablando más que nada del cine hollywoodense, por si andabas pensando en esa circunspecta película checa del año pasado que te gustó mucho. 


The sequel you wanna see but you were kinda hoping they would never make




lunes, 14 de noviembre de 2016

Reflexión sobre Meridiano de sangre

Acabo de terminar de leer Meridiano de sangre, una obra del escritor estadounidense Cormac McCarthy, del que no había escuchado nunca. Este libro empecé a leerlo de forma fortuita, pero por la manera en que haya sido me alegro; es una de las novelas que más impresión ha dejado en mí en mucho tiempo. 
Dos semanas atrás no sabía qué comenzar a leer. No tenía dinero suficiente para comprar un buen libro y ya me había cansado de pedir prestado en la biblioteca de mi facultad y fallar constantemente con las fechas de entrega. Así que ataqué mi biblioteca -que no es tan basta- y separé las obras que no había leído. Entre ellas elegí a McCarthy, que había llegado a mis manos hace muchos meses, quizás el año ya, por un maestro muy apreciado por mí.
La portada de la novela no me evocaba a la lectura: la mitad del rostro de una niña, hacia el costado derecho del tomo, luciendo una larga trenza, un collar que parece una soga y por debajo de este una camisa que parece de mezclilla. Todo envuelto en una atmósfera de tonos opacos de verde, gris y amarillo.
Me dije "en fin" y tomé el libro. Busqué al escritor en google y, desde ahí, mi hype se multiplicó como si hubiera encontrado un tesoro del que nunca estuve consiente que lo era y hasta me sentí tonto por ello, quizás con buena razón.
Este McCarthy es el escritor de No country for old men, una novela que fue llevada al cine por los hermanos Cohen bajo el mismo nombre y que es una de mis películas favoritas. Además, otra de sus obras, The road, también fue llevada a la pantalla grande y por lo que leí en varios portales el oriundo de Rhode Island es uno de los mejores escritores norteamericanos contemporáneos.
Después de leer sus credenciales ya no pensé demasiado y me puse a leer la novela. Y qué mazazo fue.
Meridiano de sangre se sitúa en el viejo oeste de la frontera entre Estados Unidos y México, abarcando los años de 1830-1880, aproximadamente. El protagonista es un joven de 15 o 16 años -al que siempre se le identifica como "chaval"- que escapa de su hogar en Tennessee y, para sobrevivir, se enrola en un par de bandas que fueron contratadas por el Gobierno mexicano con el fin de exterminar todo indio apache que se encuentren en el camino.
La premisa suena simple pero la genialidad de McCarthy logra que la novela se eleve hasta tocar puntos que conciernen a la naturaleza humana, a la que, a través del personaje clave de la obra, el juez Holden, se le describe como este ente ávido de aniquilamiento, destrucción y exterminio. Un arrojo de violencia ya innato en el hombre que nunca encontrará satisfacción, porque mediante esta catarsis es como el individuo desafía a la nada, al saberse totalmente solo y sin ningún designio o clarividencia señalada en el cielo.
Esta es la consigna, la bandera que todo el tiempo iza Holde, un albino obeso sin ningún vello en toda su inmensidad y que, paradójicamente, es un individuo provisto de buenas formas, con una fuente de conocimiento inmensa y un carisma y una astucia de las que se vale para salir bien librado de las situaciones más comprometedoras de la historia, en aquellas que parece que su fin es inminente. A mí manera de ver las cosas, este personaje representa las pulsiones/emociones más bajas de la raza humana, que según el juez, constituyen el núcleo de todo individuo y él no tiene ningún empacho en darles rienda suelta, además de promulgarlas.
La novela causó mucho impacto en mí porque toca dos temáticas que desde siempre me han atraído: las figuras de poder y la violencia, y, hasta hoy (o no me viene a la mente nadie de forma significativa) me había topado con algún personaje literario que reuniera de forma tan rapaz ambas características.
Aunado a Holden, McCarthy describe con una prosa tan demoledora y asfixiante las escenas de guerra que estas, despiadadas, crudas y sin sentido por su misma naturaleza, se convierten en párrafos atrapantes que se elevan de su barbarie y se transforman en gráficos relatos donde el humo que despiden las balas, la mezcla de la tierra estéril con la sangre de los caídos, el escalpelo de genitales y cabelleras y las incrustaciones de flechas en los ojos y corazones de los combatientes se convierten en algo poético, cautivador. 
Aquí les reproduzco una de esas escenas a las que me refiero, que se repiten constantemente -sin caer en la monotonía- y que estremecen sin dar descanso:

"Un susurro de flechas atravesó la compañía y varios hombres se tambalearon y cayeron de sus monturas. Los caballos se encabritaban y corcoveaban y las hordas mongoles corrieron paralelas a sus flancos y giraron y arremetieron en pleno sobre ellos lanzas en ristre. 
La columna se había detenido y los primeros disparos empezaron a sonar. El humo gris de los rifles se confundía con el polvo que levantaban los lanceros al haber brecha en sus filas. El chaval notó que su caballo se desinflaba bajo sus piernas con un suspiro neumático. Había disparado ya su rifle y estaba sentado en el suelo trajinando con la cartuchera. Cerca de él un hombre tenía una flecha clavada en el cuello y estaba ligeramente encorvado como si rezara. El chaval habría tratado de estirar la punta de hierro ensangrentada pero entonces vio que el hombre tenía otra flecha clavada hasta las plumas en el pecho y estaba muerto. Por todas partes había caballos caídos y hombres gateando y vio a uno que estaba sentado cargando su rifle mientras la sangre le chorreaba de las orejas y vio hombres con sus  revólveres desensamblados tratando de encajar los barriletes cargados que llevaban de repuesto y vio hombres de rodillas bascular hacia el suelo para trabarse con su propia sombra y vio cómo a algunos los alanceaban y los agarraban del pelo y les cortaban la cabellera allí mismo y vio caballos de guerra pisoteando a los caídos y un pequeño poni cariblanco con un ojo empañado surgió de las tinieblas y le mordió como un perro y desapareció. De los heridos los había que parecían privados de entendimiento y los había que estaban pálidos bajo la máscara de polvo y otros se habían ensuciado encima o se habían desplomado sobre las lanzas de los salvajes. Que ahora atacaban en un frenético friso de caballos con sus ojos estrábicos y sus dientes limados y jinetes desnudos con manojos de flechas apretados entre las mandíbulas y escudos que destellaban en el polvo y volviendo por el flanco contrario de la maltratada tropa en medio de un concierto de quenas y deslizándose lateralmente de sus monturas con un talón colgado del sobrecuello y sus arcos cortos tensados bajo el pescuezo tenso de los ponis hasta haber rodeado a la compañía y dividido en dos sus filas e incorporándose de nuevo como figuras en un cuarto de los espejos, unos con rostros de pesadilla pintados en sus pechos, abatiéndose sobre los desmontados sajones y alanceándolos y aporreándolos y saltando de sus ponis cuchillo en mano y corriendo de un lado a otro con su peculiar trote estevado como criaturas impulsadas a adoptar formas impropias de locomoción y despojando a los muertos de su ropa y agarrándolos del pelo y pasando sus cuchillos por el cuero cabelludo de los vivos y muertos por igual y enarbolando la pelambre sanguinolenta y dando tajos y más tajos a los cuerpos desnudos, arrancando extremidades, cabezas, destripando aquellos raros cuerpos blancos y sosteniendo en alto grandes puñados de vísceras, genitales, algunos de los salvajes tan absolutamente cubiertos de cuajarones que parecían haberse revolcado como perros y algunos que hacían presa de los moribundos y los sodomizaban entre gritos a sus compañeros. Y ahora los caballos de los muertos venían trotando de entre el humo y el polvo y empezaban a girar en círculo con estribos sueltos y crines al aire y ojos ensortijados por el miedo como los ojos de los ciegos y unos venían erizados de flechas y otros traspasados por una lanza y se tropezaban y vomitaban sangre mientras cruzaban el escenario de la matanza y se perdían otra vez de vista. El polvo restañaba los pelados cráneos húmedos de los escalpados, quienes con el reborde de pelo por debajo de la herida y tonsurados hasta el hueso yacían como monjes desnudos y mutilados sobre el polvo ahogado en sangre y por todas partes gemían y farfullaban los moribundos y gritaban los caballos heridos en tierra."

Acá reproduzco obra parte de la obra que, creo, es una de las que mejor expone la ideología de Holden:

"Si Dios pretendiera interferir en la degeneración del género humano, ¿no lo habría hecho ya? Los lobos se matan selectivamente. ¿Qué otra especie podría hacerlo? ¿Acaso la raza humana no es más depredadora aún? El mundo nace y florece y muere pero en los asuntos de los hombres no hay mengua, el mediodía de su expresión señala el inicio de la noche. Su espíritu cae rendido en el apogeo de sus logros. Su meridiano es a tiempo su declive y la tarde de su día. ¿Le gusta el juego? Muy bien, pues que apueste algo. Esto que ves aquí, estas ruinas que tanto asombran a las tribus de salvajes, ¿no crees que volverán a existir algún día? Sí. Y otro más. Con otras personas, otros hijos."

La prosa de McCarthy no es complicada. Es vigorosa, detallista y podría decirse que en momentos asfixiante. Pero no como una asfixia incómoda -como toda asfixia supongo que es, a menos que me estén leyendo entusiastas de la asfixia erótica- sino como una asfixia en el sentido que no permite descanso, provista de largas oraciones sin signos de puntuación que despojan de aliento y que logran que la imaginación revolucione incansablemente, formulándose los escenarios que el autor describe con gran prestación y rapidez o de lo contrario la prosa habrá rebasado a esa capacidad imaginativa y esta quedará inconclusa en su labor y tendrá que comenzar de nuevo.
En fin, este espacio será mi blog personal, en el que planeo postear ficciones y realidades que a veces escribo sin ningún propósito, mas que le de guardar memorias y ejercitar la escritura y la reflexión.
El nombre de la dirección, "Polvo ahogado en sangre", lo tomé de uno de los pasajes en que McCarthy relata los abatimientos. Le frase me gustó, me parece que tiene fuerza, así que la tomé.
Como es obvio, recomiendo leer Meridiano de sangre. Seguramente la venderán en alguna de las librerías de la ciudad y su costo no rebasará los $200.
Diría que les prestara mi ejemplar, pero ese es un riesgo que no pienso correr.